07 enero 2011

Reacción ante el arma de frío acero

Nippur de Lagash.
Escribo estas breves líneas para mencionar una conducta humana que me ha llamado la atención. Seguro que los armeros amigos que visitan este sitio lo habrán notado. El caso es el siguiente: Cuando muestro alguna de mis armas de acero, principalmente espadas, aquel que está observando con cara de asombro instintivamente retrocede levemente cuando ve la pieza desenfundada. Seguramente esta conducta no tiene nada de especial, pues es realmente intimidatoria una hoja de 80 centímetros de destellante acero, pero seguro que es inconsciente. Claro que también ocurre esta conducta intimidatoria con armas de fuego, pero aquí es completamente entendible pues al portador podría escapársele algún tiro; pero a quién podría ocurrírsele que se le podría escapar una estocada con la espada. Es decir, sabido es que es un objeto que puede causar la muerte, pero también lo es un garrote de madera o un pedazo de barra de hierro y nadie da un paso atrás si vengo con un trozo de acero que más tarde será una espada; sabiendo que con ese trozo de acero también se puede matar con un golpe.
En fin, me decidí a escribir esto pues hoy justamente viví ese acontecimiento cuando mostré una espada larga a dos amigos. Se la di enfundada a uno y cuando la extrajo el otro de inmediato incurrió en esa postura inconsciente de retroceder. Vale decir que esa acción es muy fugaz, y enseguida todo vuelve a la normalidad. Por otra parte, quiero aclarar que este no es ningún resultado determinante y puede ser producto de pura casualidad; así como tampoco tiene carácter científico de estudio psicológico o evolutivo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

es algo sicológico e instintivo cuando se ve el brillo del acero. Soy policía y una vez me amenazaron con un gran cuchillo y no lo pense más y disparé al aire.

Mariano Miguel dijo...

Ciertamente, señor. Muchas gracias por su comentario y por leer y buen comienzo de año.

¡Saludos!

Anónimo dijo...

Lo mismo me pasó el otro día que saque la navaja que llevo normalmente encima para tareas de todos los días. Estábamos desarmando una computadora y tenía precintos por todos lados, cuando saqué la navaja para cortarlos (una ontario rat 1, tiene 9 cm de hoja, no es una espada) los 3 o 4 que había presentes me miraron con una cara como si hubiese sacado la espada excálibur y los estuviese amenazando de muerte...

Mariano Miguel L. dijo...

jajaja las armas blancas siempre intimidan. ¡Saludos!

Nelson dijo...

En gran parte es aprendido. Aunque el instinto natural marca huir del peligro, muchas veces la definición de "peligro" es un aprendizaje social. Al caminar veo monton de tipos que cruzan la calle casi rozando los autos y... ¿no piensan que un auto puede matar? ¿que los accidentes de tránsito y atropellos son la mayor causa de muerte en la via pública? No, no lo piensan, pues asumen que el automovilista "debe" respetarlos siempre. En cambio la imagen del asaltante con el arma en la mano es una estampa que se enseña a temer desde que somos niños. A mi los cuchillos y espadas me fascinan, pero esa mala imagen delictual me ha llevado a que no puedo mostrárselos a todos mis amigos.

Mariano Miguel L. dijo...

Muchas gracias por la reflexión, señor Nelson. ¡Saludos cordiales!