28 octubre 2011

El Imperio Bizantino

Constantinopla
Terminadas las invasiones de los pueblos bárbaros, y cuando Roma no conservaba sino el recuerdo de sus glorias pasadas, la ciudad de Constantinopla continuó siendo la cabeza y la capital del Imperio Romano de Oriente, durante toda la edad media.
La vida de este glorioso imperio fue larga y brillante: tuvo momentos de gran decadencia, pero siempre pudo superarlos, hasta que sobrevino su caída definitiva. (Todos los imperios, tarde o temprano, luego de un período de esplendor, más tarde de un período de “inflación” tipo burbuja, terminan por desplomarse y desintegrarse).
El imperio continuó siendo “romano” por su organización, sus leyes y su cultura, pero situado en Oriente, se fue impregnando de un “Helenismo” extremo, hasta convertirse en un verdadero “imperio griego”

Verdaderamente, en sus comienzos, Constantinopla tuvo poca suerte con sus gobernantes: su primer emperador, Arcadio, hijo del gran Teodosio, llegó al trono a los 18 años, inexperto y débil de carácter. Su hijo y sucesor, Teodosio II, el Calígrafo, reinó más de 40 años copiando manuscritos antiguos, y cuidando más su letra que el imperio. Y así, de la misma manera endeble, reinaron sus inmediatos sucesores, hasta la llegada de un personaje que se propuso reconstruir el antiguo poderío romano.

Justiniano en un mosaico en Rávena
Justiniano
En el año 527, al morir el viejo emperador Justino, le sucedió en el trono su sobrino, Justiniano. Pertenecía a una familia de campesinos macedónicos, pero poseía gran talento y dedicación: era sumamente culto y de gran inclinación artística, aunque carecía de energía suficiente, eran un poco débil. Estaba casado con Teodora, una mujer de pasado oscuro y turbio (sin pretender ofenderla demasiado con esto), pero dotada de extraordinaria voluntad. A ella debió Justiniano gran parte de su éxito como gobernante, pues lo que a éste le faltaba de energías, ella se lo compensaba ampliamente.
Apenas llegados al trono, el sueño de la pareja imperial fue volver a resucitar el antiguo Imperio Romano. Y para lograrlo, Justiniano planeó numerosas campañas, sirviéndose de los dos militares más grandes de su época, los generales Belisario y Narsés.
1- Comenzó por invadir el norte de África y apoderarse, en el año 533, del reino que allí habían establecido los Vándalos.
2- Luego sus tropas cruzaron el estrecho de Gibraltar y atacaron a los Visigodos, adueñándose de toda la zona sur de España.
3- Después emprendió su acto más difícil: la reconquista de Italia, dominada en ese entonces por los Ostrogodos. La guerra fue larga y costosa, pero en 553 los bizantinos eran ya dueños de toda la península itálica.
De esa manera estuvieron a un paso de reconstruir el antiguo Imperio Romano: todo el Mediterráneo era de nuevo un “lago romano”, y sólo faltaba reconquistar las Galias y las provincias del Danubio.
Pero este sueño no pudo realizarse ya que en el otro extremo del imperio se habían levantado, una vez más, los eternos enemigos de los romanos: los Persas.
Los Persas estaban viviendo un período de esplendor, y acaudillados por su rey Cosroes obtuvieron varios triunfos frente a los generales de Justiniano. La lucha se suspendió cuando el emperador se comprometió a pagarles un tributo anual.
Por ese mismo tiempo, a través de Macedonia se venían abriendo paso nuevas tribus asiáticas: Los Avaros y los Búlgaros, quienes en algunas oportunidades llegaron casi hasta las murallas de la capital.
Todos estos contratiempos impidieron a Justiniano reconstruir el imperio. Sin embargo, tuvo aún mayor mérito al fijar definitivamente el Derecho Romano.
Queda para otra entrada, estimados lectores, el relato de la caída del Imperio Bizantino, con la invasión y toma de Constantinopla por parte de los Turcos Otomanos en el año 1453 (29 de mayo). Marcando este acontecimiento histórico el final de la Edad Media en Europa.
No duden en comentar si quieren corregir o ampliar algo del relato para enriquecerlo, pues como se verá en mi perfil yo no soy profesor ni licenciado en historia, sino de ciencias exactas. Esto es una afición que tengo hace muchos años, y sólo lo hago por enriquecimiento personal. De modo que me dedico a reproducir lo que los historiadores tan sabiamente han descubierto. De todas maneras, la Historia es una disciplina viva, y con su revisionismo nos obliga a estar atentos a posibles errores en los documentos antiguos.

Fuente: Wikipedia y bibliografía de historia antigua variada

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