29 octubre 2011

Los Visigodos en España

Con la invasión de los suevos, alanos y vándalos, el territorio de España quedó en su mayor parte en poder de los bárbaros. Sin embargo, los hispano-romanos que habitaban la península lograron conservar algunas fortalezas hasta la llegada de los visigodos (414) que, aliados de Roma, franquearon los Pirineos (entre Francia y la Madre Tierra) al mando de Ataúlfo, sucesor de Alarico, y se establecieron en Barcelona. Ataúlfo, asesinado por un fanático, fue sucedido por Walia quien se propuso restaurar en España la autoridad imperial. Además inició su dominación en el sur de la Galia, donde los visigodos poseían su reino llamado Aquitania y cuya capital era Tolosa. El rey Eurico que gobernó entre 467 y 485 consiguió la independencia de Aquitania, un año entes de la caída del Imperio Romano de Occidente (475). Producido el derrumbe del poder romano, Eurico dispuso conquistar para sí toda la península Ibérica, ya que el noroeste estaba aún en manos de los suevos. Logró apoderarse de Zaragoza y Pamplona; además dejó guarniciones militares en algunas otras ciudades importantes. Eurico fue un notable guerrero y un hábil político, y si bien no logró completar su dominación en la península, puede considerársele como el fundador de la monarquía visigoda en España.
A comienzos del siglo VI los francos conquistaron la región sur de la Galia y expulsaron de allí a los visigodos. Estos debieron internarse todavía más en España y la corte se estableció en Toledo, que fue su capital.


Cuando los visigodos penetraron en la península eran cristianos arrianos. Los hispano-romanos, en cambio, continuaron siendo católicos. Esta diferencia religiosa dificultó la fusión entre los pueblos, y cuando el rey visigodo Atanagildo se instaló en Toledo, debió apelar a sus mejores recursos a fin de dominar los choques entre católicos y arrianos.
Leovigildo, hermano de Atanagildo, reinó entre 582 y 586. Logró someter a los suevos y a fin de consolidar la unidad política de España, procuró imponer el arrianismo. Su hijo, Hermenegildo, se convirtió al catolicismo y encabezó una rebelión, pero fue derrotado y entregado a su padre como prisionero. Como se negó a abjurar de su fe, fue asesinado. Cuando Recaredo, el otro hijo de Leovigildo, ocupó el trono de España, cambió la política de su padre. Lejos de perseguir a los católicos, todo lo contrario, trató de congraciarse con ellos. Finalmente, en el año 587 se convirtió públicamente al catolicismo, actitud que imitaron todos los miembros de la corte y gran número de arrianos. La conversión de Recaredo aceleró la fusión entre los hispano-romanos y los visigodos.

Decadencia de la monarquía visigoda
El carácter electivo de la monarquía visigoda originó grandes luchas entre el gobierno y los nobles que aspiraban al trono.

El rey Wamba (672-680) debió reprimir varias sublevaciones y rechazó un intento de invasión por parte de los árabes establecidos en el norte de África.

El último monarca visigodo fue Don Rodrigo. Durante su reinado se acentuaron de tal modo las discordias internas que algunos nobles no vacilaron en solicitar el auxilio de los árabes para derrocarlo. En abril de 711, los musulmanes pusieron pie en tierra española y en el mes de junio derrotaron a Rodrigo en la batalla de Jerez o Guadalete. De esta manera desapareció la monarquía visigoda y comenzó la lucha por la Reconquista, que se prolongó por más de siete siglos. Pero eso, estimados lectores, es otra historia.

Fuente: Wikipedia y bibliografía de historia antigua variada

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