27 enero 2012

Construcción de un Greathelm: Parte tercera

Continúo con la construcción de este yelmo medieval. Las dos partes previas pueden verse en estos dos enlaces:
Construcción de un Greathelm: Parte primera
Construcción de un Greathelm: Parte segunda


Habiendo ya colocado las cuatro partes con casi todas las perforaciones, me dispuse a diseñar en papel la faja longitudinal. Opté por ponerle sólo una.


A los moldes debí hacerles algunas modificaciones, la más importante es quitar la protuberancia central entre ambos ojos.


En la imagen superior se aprecia el anacronismo: la chapa que usé para la faja era de un gabinete de pc. Tiene un recubrimiento gris que debe ser quitado con lija pues ofrece un contraste desagradable con la chapa.


Luego me dispuse a desarmar todo para comenzar con el lijado. La tarea de desarme no es nada rápida, sacar todos los tornillos me llevó como quince minutos.


Luego de poner los remaches me dispondré a la tarea de realizar la parte superior. Al cuero lo sujetaré con remaches más pequeños, de aluminio tal vez (no los que se ponen con la máquina -los llamados remaches pop- porque no conjugan con los otros además de carecer de rigor histórico).


Luego de una primera lijada queda como la foto inferior. Aquí hay que puntualizar algo: Cuando le damos maza en el yunque a la chapa para moldearla se marca en gran cantidad de lugares. En ese momento parece erróneamente que dichas marcas desaparecerán fácilmente con la lija, ¡nada más lejano a la realidad!


Si se quieren eliminar esas marcas, que unas veces son pequeñas lomas y otras hundimientos, se debe sacar mucho material debilitando la chapa y hasta pudendo llegar a agujerearla. De modo que una vez que no las hemos sacado en el yunque ya jamás podremos hacerlo. Y ni se nos ocurra intentar planificar una vez desarmado el yelmo, porque cuando queramos volver a armas ningún agujero coincidirá. Es que la chapa se deforma al menor golpe, se estira, se dobla o se contrae, y los orificios son milimétricos.

Entonces, muchas de las marcas, mal que me pese, quedarán. Por fortuna he decidido pintar el yelmo por sugerencia del señor Amo del Castillo en el mensaje anterior. Lo cual yo había pensado antes con otro yelmo pero no con este. Esto supongo que disimulará aún más las marcas (¡que tampoco son tantas, por Dios!).

En los siguiente enlaces se puede apreciar cómo sigue la cosa:







3 comentarios:

Amo del castillo dijo...

Siempre se puede enmasillar con pasta de carrocero para ocultar esas abolladuras. Total, si va a ir pintado...

Por otro lado, los armeros medievales obtenían unos acabados pulidos como espejos, y esos no obtenían la chapa ya fabricada, sino batiendo durante horas un trozo de hierro hasta conseguir la chapa. ¿Cómo pues los pulían?¿Sacando una chapa de un grosor muy superior al actual para compensar la pérdida de material?

Mariano Miguel dijo...

El pulido a espejo es hermoso de apreciar. Nunca lo he logrado en parte porque el pulido no es mi fuerte y por otro lado el gran mantenimiento que lleva después, salvo que se proteja la pieza con algún barniz o laca.

Voy a ver cómo va quedando al ir poniendo los remaches.

¡Saludos!

Renato Arbulu dijo...

Estimado encuentro un trabajo excelente,el que realiza usted,interesante y detallado ,felicitaciones .