06 marzo 2012

Dagas medievales: comienzo de forjado

A partir de varias entradas de las páginas de amigos, inicié varios proyectos de construcción de dagas medievales. Las dagas son armas blancas planas con punta aguda. Son en general más largas que los puñales pero más cortas que las espadas. Básicamente se usaban como complemento de la espada, para llevarla en la manos menos diestra y para rematar al enemigo una vez doblegado con el arma principal.


Había muchos tipos de dagas y muchas de ellas poseían doble filo con guarda y pomo, al igual que una espada en miniatura.


Las dagas más antiguas hacen su aparición en el siglo III antes de Cristo, en plena edad de bronce; y se extienden luego por toda la edad media. En las iluminaciones de la Biblia de Maciejowski se pueden apreciar gran cantidad de modelos de dagas.



Para no duplicar información, pueden consultar varias entradas en el blog Castra in Lusitania donde aparecen modelos de muchas dagas con información detallada. También, en El intento de Armería, Ismael recrea una daga con mucho rigor histórico.



Las dagas, al igual que las espadas, podían llevar inscripciones. En particular las europeas tenían leyendas relativas a Dios o a la Virgen María. Aunque, antes del año 431 en el Concilio de Éfeso, las dagas no tenían inscripciones relativas a la virgen porque fue justamente en esa fecha en la que se la santifica. De modo que las dagas posteriores al año 431 pueden llevar inscripciones alusivas a María, antes, no.



Y también a partir de esa fecha se estableció que las inscripciones referentes a la virgen se reservaban a las dagas, mientras que las referentes a la Santísima Trinidad se desarrollaban en las espadas. En principal las espadas que irían a las cruzadas. 



No conseguí mucha información con respecto a las inscripciones de las dagas y espadas de Oriente Medio, si el lector lo desea puede aportarlas que serán bienvenidas.



Unos amigos armeros me visitaron este fin de semana y la ocasión fue perfecta para comenzar la forja de dagas. Las fotos muestran sólo el comienzo, falta mucho para terminarlas, pero el comienzo no fue malo. Además, la cosa fue muy positiva porque no es nada fácil formar un grupo de recreacionistas en una ciudad chica como la nuestra. En particular, estas dagas las comenzamos a forjar a partir de dientes de arado. Las imágenes fueron obtenidas por Macarena, que también es artesana (principalmente en dibujo, pintura y grabados) y amante de la Historia Antigua y Medieval.



Como anécdota y aprendizaje, si se quiere, diré que no es bueno forjar en una misma fragua varias cosas al mismo tiempo, pues se corre el riesgo de que se pase de temperatura y se funda una parte del elemento de acero. Tal es el caso de lo que me ocurrió a mí con la daga que estaba forjando, se fundió en la parte media. Quedó inutilizada para el fin que se le daría y se convertirá, cada uno de los dos pedazos, en sendos cuchillitos criollos.


Además, aunque parezca que no, la mayoría de los aceros tienen un punto de fusión bastante más bajo que el herro, por lo que funden con relativa facilidad en la fragua. El hierro tiene un punto de fusión de 1535ºC en condiciones normales de presión (101325 PA) mientras que el acero de alrededor de 1375ºC (esta cifra es representativa, porque cada acero, al ser una aleación, tiene su propio punto de fusión).
Estos dientes de arado ya traían un esbozo de lo que podrían ser posteriormente las guardas, de modo que las decidimos dejar para ver cómo quedan más adelante. Históricamente no se construían en una sola pieza de acero las guardas, pero a éstas las haremos así (digo las haremos aunque a las dos las forjaron mis amigos Gastón y Ramiro.


En sucesivas entradas (cuando tenga ratos libres, pues en esta época del año el tiempo apremia, subiré avances de esta forja de dagas medievales). En principio me inclinaría a construir algún modelo de daga de arandelas.

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